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quinta-feira, 30 de abril de 2015

Convocatória 1º de maio: Un día de rebelión, no de descanso

Un día de rebelión, no de descanso
“(...) ¡Un día no ordenado por los voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. Un día en que el trabajador hace sus propias leyes y tiene el poder de ejecutarlas!...”1. 
(Fragmento de la circular que llamaba a la huelga del 1 de mayo de 1886).

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No resulta iluso pensar en que el próximo primero de mayo será un día de grandes y agitadas movilizaciones de la clase obrera colombiana y todas las organizaciones sociales de la ciudad y el campo. Una jornada de unidad y acción en contra de las políticas neoliberales que han hecho del sector trabajador urbano una masa de pobrería inconforme, con capacidad de recoger sus banderas y hacerlas ondear, esta vez, por algo más que las reivindicaciones: la Paz con Justicia Social.
El proletariado en Colombia desde sus inicios, en la primera década del siglo XX, cuenta con una experiencia y acumulado histórico que obviamente no deslinda del proceso global de aparición de la clase obrera y sus luchas iniciales por los derechos laborales. El auge del proletariado de Europa y Estados Unidos a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX fue un medidor que hizo pensar que la clase obrera organizada podía arrebatar el poder a la burguesía en cualquier lugar del planeta.
En eso creían todos, pese a las respuestas violentas con que el Estado defendía los intereses del gran capital; la masacre de las bananeras en 1928 basta como ejemplo de lo que es capaz la burguesía cuando ve amenazados sus intereses. Así mismo, en la medida que la clase obrera resistía e iba alcanzando su máximo nivel de desarrollo y conciencia, también el Estado fue diseñando nuevos métodos de represión para generar terror, y de persuasión para comprar las conciencias de los trabajadores y sus líderes menos probos.
Lo cierto es que van 129 años desde la huelga de Chicago el 1 de mayo de 1886 -la que dio origen a esta conmemoración-, y el movimiento sindical colombiano ha enfrentado en sus diferentes etapas todo tipo de guerra sucia, desde las medidas legislativas favorecedoras de los TLC, pasando por el soborno y la compra de conciencias, hasta la represión más brutal y los asesinatos selectivos de sus dirigentes más férreos en la defensa de los derechos de los trabajadores.
Leyes y ajustes han abierto paso a una economía informal que somete a los trabajadores a la tercerización laboral, cuyo impacto ha afectado a casi el 60 por ciento de la población económicamente activa, desembocando en un alto índice de desempleo. La seguridad social para los trabajadores es nula, el sistema de salud hace rato colapsó debido a la reforma impuesta por la ley 100 del 93, ni hablar del régimen de pensiones.
Y si hablamos de la clase obrera y campesina encontramos que ha sido casi diezmada por el terror paraestatal y lanzada a deambular las ciudades en la más absoluta miseria, producto de un plan diseñado para desarticular la organización popular. Es un panorama nefasto el que tenemos ante nuestros ojos, pero no todo está perdido porque además la clase obrera no está sola y ante las nuevas formas de frenar el descontento también han surgido nuevas formas organizativas dispuestas a resistir los estertores del monstruo mutante que representa el capital.
Recuerdo cuando en las reuniones familiares oía decir que “la clase obrera debería pasar de la lucha reivindicativa a la lucha por los cambios y las transformaciones sociales”, y creo es el momento de que pase de ser un actor pasivo ha emprender una lucha decidida por los cambios y no de manera espontánea en reclamo de reivindicaciones puntuales.
El momento es de unidad, de cerrar filas a la dispersión y conformar una sola fuerza, una clase que abarque toda la sociedad excluida: las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, las distintas organizaciones sociales entre las que se destacan las organizaciones femeninas, los pequeños y medianos productores, los maestros, los sindicatos que aún subsisten, las FARC-EP, todos y todas tienen sus anhelos condensados en las propuestas presentadas por la insurgencia en la Mesa de La Habana.
Llegó la hora del agrupémonos todos, como reza la Internacional y salir masivamente a las calles este primero de mayo, para pedir en una sola voz Paz con Justicia Social. La unidad obrero-campesina, en su acepción más amplia, conseguirá la victoria.
http://www.pazfarc-ep.org/index.php?option=com_k2&view=item&id=2650:un-dia-de-rebelion-no-de-descanso&Itemid=578

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