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terça-feira, 17 de setembro de 2013

Frida Modak Secretaria de Prensa del Presidente Allende

Chile: 11 de septiembre de 1973

Frida Modak
Secretaria de Prensa del Presidente Allende


ALAI AMLATINA, 11/09/2007, Santiago.- Ya se va haciendo costumbre, y
mala costumbre, diría, que en estas fechas nos sorprendan con curiosas
teorías o historias fantásticas de lo que habría sucedido el 11 de
septiembre de 1973 en La Moneda. Eso no tendría mayor importancia si no
conllevara una falta de respeto, da lo mismo si voluntaria o
involuntaria, hacia el Presidente Allende, lo que me resulta
intolerable. Como antídoto a las sorpresas desagradables que puedan
surgir este año, se vale recordar.

El 11 de septiembre de 1973 llegué a La Moneda alrededor de las ocho de
la mañana. Una hora antes, una llamada telefónica en la que me
preguntaban si el Presidente estaba en la casa de gobierno me indicó que
había salido de la residencia presidencial de Tomás Moro, a la que me
había comunicado por última vez con Augusto Olivares a las tres y media
de la mañana. Mientras él y otros asesores trabajaban con el Presidente
en el discurso con el que convocaría a un plebiscito para dirimir las
diferencias con el parlamento, les iba entregando toda la información
que recibía sobre el movimiento de camiones que transportaban militares
hacia Santiago.

Los llevaban para reforzar la guarnición capitalina, decían sus jefes,
porque el día 11 se iban a efectuar manifestaciones de sectores
políticos opuestos. No convencían a nadie, pero no se les podía decir
que estaban mintiendo. Horas más tarde Isabel y Tati Allende, Nancy
Julien y yo, tampoco podíamos decirle a los chilenos que las
transmisiones que hacían las radioemisoras controladas por los militares
mentían. No había ningún medio a través del cual pudiéramos advertirles
que los ministros que supuestamente se habían entregado a los
uniformados en realidad habían sido detenidos en La Moneda, a donde
llegaron a estar junto al Presidente.

No podíamos decirles que Augusto Olivares no se había entregado sino que
estaba muerto y que también había muerto el Presidente, información que
se retuvo por muchas horas y que nosotras cuatro conocimos en el lugar
en que nos habían dado albergue, porque la comunicación telefónica con
el Palacio de Gobierno nunca se interrumpió y así, mientras nosotras
caminábamos por las calles en busca de un lugar seguro, hubo quienes
pudieron seguir el curso de los acontecimientos.

El sábado 15 de septiembre, cuando la señora Tencha Bussi de Allende y
sus hijas Carmen Paz e Isabel se preparaban para viajar a México, el
cúmulo de mentiras que decía la dictadura no tenía límites. Estábamos en
la residencia del embajador mexicano y el doctor Oscar Soto, del equipo
médico del Presidente, Nancy Julien, esposa de Jaime Barrios, asesor
económico del Presidente, detenido desaparecido, y yo, decidimos hacer
el relato de lo ocurrido el día 11 y se lo entregamos a la periodista
María Teresa Larraín, de Difusión Cultural de la cancillería, que debido
a esa circunstancia había podido ingresar a la casa del embajador, le
pedimos que lo hiciera llegar a otros periodistas y a personeros políticos.

Poco después fui a la habitación de Nana Bussi, hermana de la señora
Tencha, y le pregunté si se llevaría el documento a México. Por toda
respuesta tomó la copia que le mostré y la metió entre sus ropas. Le
pedí, entonces, que lo hiciera llegar a la embajada de Cuba, para ser
enviado a Manuel Piñeiro, jefe del Departamento América, para que lo
difundieran. Después supe que en La Habana lo habían recibido en la
víspera del discurso que pronunciaría el Presidente Fidel Castro el 28
de septiembre de ese año. El documento contradecía la versión que se
había recibido en Cuba, que fue ratificada por quien la había
proporcionado, por lo que en el discurso se incluyeron las dos
informaciones.

Pasaron algunos años y recibí, en México, una llamada del diputado
Andrés Aylwin, quien me llevó de regalo una copia de ese texto,
diciéndome que había tenido gran circulación clandestina y que se había
leído con profunda emoción. Ese es el texto que viene a continuación, ya
no es clandestino, y muestra no sólo la voluntad inquebrantable del
Presidente Allende de no rendirse, sino también su decisión, expresada
desde las primeras horas, de salvar las vidas de quienes lo acompañaban
y que se expresó tanto cuando los que quisieron parlamentar con los
militares salieron de La Moneda, como cuando les ordenó a los demás que
se entregaran cuando la tropa derribó la puerta de Morandé 80.

Sucedió en La Moneda

“El pueblo debe saber lo que realmente ocurrió la mañana del martes 11
de septiembre en La Moneda. Debe saber cuál fue la actitud del
Presidente Salvador Allende, porque la verdad está siendo ocultada por
los gorilas que han usurpado el mando. El compañero Presidente dio un
ejemplo de consecuencia revolucionaria que se trata de silenciar, porque
constituye el mejor legado que pudo dejar al pueblo. Trazó un camino
para seguir luchando hasta alcanzar la victoria final.

“El Presidente Allende llegó el 11 de septiembre a las siete y media de
la mañana a La Moneda. Sabía de la insubordinación que encabezaban los
hasta entonces comandantes en jefe del ejército y la fuerza aérea. Sabia
que habían depuesto al Almirante Montero y al general Director de
Carabineros, General Urrutia. En La Moneda sólo lo acompañaban sus más
cercanos colaboradores y algunos miembros de la escolta presidencial.

“El presidente Allende estaba cumpliendo lo que tantas veces dijo: de La
Moneda lo sacarían muerto, pero no se rendiría ni exiliaría. Era el
Presidente de Chile, el genuino mandatario del pueblo y lo fue hasta el
último instante.

“De inmediato se adoptaron las medidas necesarias para la defensa de La
Moneda. En esos instantes lo llamó Augusto Pinochet, comandante del
ejército, quien le comunicó que ponía a su disposición un avión y le
daba todas las garantías para que saliera del país. En términos duros y
definitorios el compañero Allende le hizo saber que no se rendía. Más
tarde lo llamó el almirante José Toribio Merino para conminarlo a que se
rindiera. El presidente Allende le respondió que eso quedaba para los
cobardes y los traidores como el autor de la llamada. En ese momento se
habían retirado, por orden de sus nuevos superiores, los carabineros que
acordonaban La Moneda en abierta intención para defenderla.

“Entretanto, y a través de los medios populares, el Presidente Allende
había informado a los trabajadores de lo que estaba sucediendo y de su
decisión de mantenerse en su puesto. Llamó a los trabajadores para que
se dirigieran a sus fábricas. A esa hora, 9.30 A.M., casi todas las
emisoras populares habían sido bombardeadas por la FACH a fin de ser
silenciadas.

“Momentos después se iniciaba el ataque a La Moneda y se anunció que
ésta sería bombardeada en pocos minutos. El Presidente, con casco y
metralleta, hizo salir al personal de servicio y luego a sus edecanes.
Al no concretarse el bombardeo, reunió a todos sus colaboradores en el
Salón Toesca. Les dijo que agradecía el comportamiento que siempre
tuvieron y la actitud asumida por ellos de mantenerse en los peores
momentos a su lado. Sin embargo, él no quería sacrificios inútiles de
vidas. Por lo tanto, los que no tuvieran armas ni estuvieran en
condiciones de combatir, debían irse. Exigió que las mujeres que allí se
encontraban dejaran La Moneda. Él se quedaba a combatir.

“Nadie se movió. Se determinó entonces llevar a las mujeres a un lugar
más seguro. El Presidente volvió a su despacho y desde allí ordenó al
general Baeza que enviara un jeep a recoger a las mujeres. Este se
comprometió a dar garantías en ese sentido. El compañero Allende fue al
lugar en que se encontraban las mujeres y les reiteró que debían salir.
Dos de sus hijas le señalaron que no lo harían porque los militares
podían tomarlas de rehén para presionarlo. Su respuesta fue: ´Si lo
hacen, les diré que las maten, que pasen a la historia como asesinos de
mujeres´.

“Luego señaló que cada una de las compañeras que estaban ahí tenía una
tarea que cumplir en el futuro.’ Este proceso, dijo, no termina aquí. El
pueblo las va a necesitar, las revoluciones no se hacen con sacrificios
inútiles de vidas. Si yo pudiera, me iría a un Cordón Industrial para
resistir junto a los trabajadores, pero sé que no lo puedo hacer’

“Finalmente, desde el citófono de la guardia llamó otra vez al general
Baeza, reiterándole que debía hacer llegar el jeep para sacar a las
mujeres. Le señaló: ´Aunque usted sea un traidor, espero que al menos
sepa respetar a las mujeres´. Aún se dudaba salir. Entonces, el
compañero Presidente decidió que si no salían, él saldría con ellas y se
dirigió a abrir la puerta de Morandé 80. Entonces, las compañeras
salieron acompañadas de un carabinero que, sin armas, llevaba un pañuelo
blanco. Afuera ningún jeep esperaba a las mujeres como lo había
prometido el general Baeza. Sólo había balas. El carabinero abandonó
rápidamente el lugar dejando a las mujeres solas enfrentando el tableteo
de las ametralladoras.

“Eran poco más de las once de la mañana. El cañoneo contra La Moneda era
intenso. El Presidente hizo salir a otros de sus colaboradores. Sólo
quedó junto a él, el grupo que iba a combatir. En esos momentos recibió
un llamado del Ministerio de Defensa en el que se le advertía que el
bombardeo se iba a iniciar a las 12 del día y se le conminaba a
rendirse. El Presidente reiteró que no se rendía.

“A las 12.10 comenzó el intenso bombardeo de La Moneda, mientras seguían
disparando los cañones y las ametralladoras. Los tanques que estaban en
calle Moneda fueron llevados hasta Agustinas para desde allí abrir fuego
de cañones. El bombardeo de la FACH duró una hora. La Moneda empezó a
incendiarse y se lanzaron bombas lacrimógenas. Los que se encontraban en
su interior seguían en sus puestos .Los carabineros de la Guardia de
Palacio se habían retirado. Un grupo de detectives se quedó.

“Inmediatamente después del bombardeo un tanque entró por la puerta de
Moneda hasta el Patio de los Naranjos, fue destruido. Alrededor de las
13 horas, en el primer piso, ante la decisión de no entregarse a los
militares, se quitó la vida el compañero Augusto Olivares.
Posteriormente, el almirante Carvajal llamó a La Moneda pidiendo que
fuera una delegación a parlamentar con ellos. Con tal objeto salieron
los compañeros Fernando Flores, Daniel Vergara, Osvaldo Puccio y su
hijo. No se conoció resultado alguno porque no regresaron. El compañero
Clodomiro Almeyda se encontraba en su ministerio y desde allí fue sacado
por los militares.

“Continuó la lucha, esta vez en el sector del ala de Morandé, que no
estaba afectada por el fuego. Los militares derribaron la puerta de
Morandé 80 e ingresaron tomando 8 a 10 prisioneros. Un emisario fue
enviado al segundo piso para comunicar que se otorgaban 10 minutos para
rendirse. Eran las 13.55 horas.

“El presidente Allende ordenó que todos salieran desarmados, porque él
sería el último en hacerlo. Cuando todos iban descendiendo hacia la
puerta de Morandé 80, el compañero Presidente se disparó en la cabeza
con la metralleta que le había regalado el comandante Fidel Castro y que
es con la que combatió durante todas esas horas.

“Algunos miembros de su guardia personal permanecieron en el segundo
piso y combatieron hasta que fueron acribillados. La batalla en La
Moneda había terminado aproximadamente a las 14.45 horas.

“El compañero Presidente cumplió con lo que había dicho: defender con su
vida el proceso revolucionario hasta las últimas consecuencias. De su
actitud y de sus palabras fluye un mensaje claro al pueblo. El proceso
revolucionario chileno no ha terminado. Sigue. El pueblo debe unirse más
que nunca. Debe ser uno solo, organizándose, luchar concientemente, sin
actitudes espontáneas o individuales que sólo disminuyen la fuerza del
pueblo mismo”.


- Frida Modak fue Secretaria de Prensa del Presidente Allende.


enviado por Vitor Buaiz

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