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segunda-feira, 19 de agosto de 2013

Saludo de patria en esta jornada de protesta (Delegación de Paz de las FARC EP)



Enviada Por e-mail

*La Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz, agosto 19 de 2013*



Colombia asiste hoy a una sentida jornada nacional de protesta y
movilización social. Creemos que no hay nadie que no conozca las razones
que motivan la indignación de los sectores populares más humildes y
empobrecidos, o más golpeados por las políticas económicas neoliberales.
Considerando los desafortunados anuncios gubernamentales de represión,
queremos hacer las siguientes recomendaciones:



*Primero*: Que no se criminalice el derecho a la protesta social. Esperamos
que la manida costumbre del gobierno de identificar toda manifestación de
inconformidad social y popular con el supuesto coco de las FARC, no de
motivo para tratamientos violentos por parte de las fuerzas del Estado
contra quienes aspiran con la protesta obtener soluciones prontas y
eficaces a sus represados problemas.



*Segundo*: Tampoco debe el gobierno fabricar y señalar responsables de
manera acomodaticia, mencionando nombres o inculpando a organizaciones y
personas que surgen de su imaginación, como agentes provocadores del
desorden. Esto es pretexto cobarde dirigido a soslayar su incapacidad como
gestor público.



*Tercero*: Sea esta la ocasión para llamar la atención del gobierno
nacional para que inicie la revisión de los Tratados de Libre Comercio,
TLC, que suscribió sin consideración de la realidad económica nacional y
desconociendo la situación precaria de nuestros sectores productivos.



El libre comercio implica cero aranceles, cero subsidios, cero barreras no
arancelarias, libre flujo de bienes y servicios; todo ello dentro de un
marco competitivo. Nada de esto ha sido tenido en consideración por los
negociadores colombianos. Por ejemplo, para la fecha de suscripción del
Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, la realidad, solo en
materia de subsidios en el sector agropecuario, era la siguiente: Estados
Unidos presupuestó para la vigencia 2003-2004, 72.000 millones de dólares,
mientras que Colombia pretendió presupuestar 210 millones de dólares
anuales durante 10 años para atender los subsidios locales. El programa
nacional se denominó entonces Agricultura Ingreso Seguro. Traducido lo
anterior en cifras por trabajador agrícola-año para la época aludida,
tenemos lo siguiente: EEUU entregó a cada trabajador agrícola-año  22.220
dólares. Colombia plasmó una demagógica pretensión de entregarle a cada
trabajador agrícola-año, irrisorios 300 dólares. En realidad, todo esto fue
desviado a las arcas del empresariado de “músculo financiero”.



Maíz amarillo, trigo, cebada, soya, sorgo, fríjol, solo para mencionar unos
pocos productos del campo, habrían de ser atendidos en Colombia por
concepto de subsidio con un 1% de ayuda/tonelada de lo recibido por los
productores americanos de su gobierno por ayuda/tonelada en tales rubros o
productos. Valga ese solo ejemplo. ¿Cómo pudo entonces el Estado colombiano
firmar el TLC con Estados Unidos si tenía conocimiento de esta desventajosa
realidad económica?



Una sana competitividad en un país que se dice capitalista en apertura
mundial depende de los precios de los salarios, de la tasa de cambio, de la
tasa de interés, de los impuestos y de los precios de los servicios
públicos. ¿Puede demostrarle el Estado colombiano a su pueblo víctima de
los TLC’s, cómo relacionó esas variables para convertirnos de manera
automática en país competidor de Europa, Corea, Japón y otras naciones
desarrolladas sin detrimento de nuestros productos agropecuarios y de
nuestra débil manufactura? Al respecto, nunca se consultó la voluntad
popular.



*Cuarto*: Proponemos, en momentos de crisis cafetera, la liquidación de la
Federación Nacional de Cafeteros. La Federación ha llevado a Colombia a
competir en materia de café, no con Brasil sino con Honduras y El Salvador.
El 70% del café que se consume en Colombia es importado. Se mezcla café
nacional con café importado y se exporta como propio. Producir una carga de
café (10 arrobas), le vale al productor nacional entre $650.000 y $700.000,
mientras que su precio de compra es de aproximadamente $472.000. El
subsidio solo llega a $165.000. Ni siquiera compensa la diferencia.



Entre tanto los altos cargos de la Federación, ya en Colombia, ya en el
exterior, son inmensamente costosos. El gobierno nacional debiera dar a
conocer a cuánto asciende la nómina y qué se le paga mensualmente a dichos
funcionarios privilegiados que conforman la burocracia. Son seis centavos
de dólar los que se retienen por libra de café para atender a estos
burócratas.



¿Qué sucedió con el Banco Cafetero? ¿Con la Flota Mercante Grancolombiana?
Con las corporaciones financieras del sector? ¿Con la empresa ACES? ¿Cuánto
vale la carga prestacional de la antigua flota?



La supresión de la Federación Nacional de Cafeteros es una necesidad
sentida. No se puede seguir premiando tanta equivocación. Son más de
quinientas mil familias colombianas las que dependen del ingreso cafetero.
Frente a esto proponemos un sistema de cooperativas cafeteras manejadas por
los propios productores que haga sus veces para ir saneando la política
cafetera estableciendo mecanismos eficientes que liberen al cultivador de
cargas innecesarias y logren para él un ingreso más justo. Estamos
dispuestos a entrar en el debate cafetero.



*Quinto:* Colombia logró sobrepasar la extracción del millón de barriles
diarios de petróleo. Sin embargo el combustible para el parque automotor en
todas sus formas hace inalcanzable sus precios. Según un sencillo pero
elocuente estudio del periodista Juan Gossaín, publicado en el diario El
Tiempo, “Colombia es uno de los 10 países del mundo, y el primero entre
todos los de América Latina, donde más cara se paga la gasolina”. Compara
los precios de venta del galón de gasolina de algunos países con los
precios de venta al consumidor final en nuestro país, encontrándose que en
dónde es más caro el galón, el ingreso per cápita del lugar correspondiente
supera con creces el ingreso per cápita nacional (Colombia 5.000 dólares,
frente a Holanda, 52.000 dólares por habitante y 45.000 dólares en Noruega).



Se pone de presente que a Ecopetrol le cuesta 3.320 pesos un galón de
gasolina. Al final de las cuentas se embolsa 1.770 pesos por galón, lo que
equivale al 51% como utilidad. Tras demostrar cómo la cadena de costos,
intermediación e impuestos lleva a que el consumidor final pague hoy el
galón de gasolina corriente  a $ 8.635,54, se concluye que países como
Corea, importador lejano de crudo colombiano, vende a su nacional el galón
de gasolina muy por debajo del precio colombiano.



No es el caso entrar en estos momentos a analizar el “hipernegocio” que ha
montado el Estado en cabeza de Ecopetrol en detrimento del consumidor
colombiano, llámese usuario de carro de familia o transportador de
tractomula; trátese de gasolina corriente o kerosene o ACPM. Con razón dice
Gossaín: “El perro más gordo es Ecopetrol y por eso no se le pegan las
pulgas”.  Golpeando a la “familia” colombiana no es la manera de montar una
caja menor para el manejo caprichoso del gobierno que se agrega a los
recaudos de las regalías, más conocidas como “mermelada” nacional.



*Sexto*: ¿Para qué destruir la maquinaria de aquellos mineros que no han
sido objeto de reconocimiento por parte del Estado? En un país donde los
títulos mineros se acumulan en cabeza de una sola persona para ser vendidos
como ganado en feria a quien pueda hacer los estudios que ameriten la final
comercialización del producto extraído -generalmente una multinacional
ajena a las realidades locales y nacionales-, pequeños mineros son
perseguidos y puestos por fuera del comercio. Un Estado que en sus páginas
de historia económica registra la “ventanilla siniestra” para beneficiar
mafiosos, y amnistías tributarias para favorecer el blanqueo de dineros,
¿cómo no puede estudiar una amnistía minera que permita vincular al pequeño
y mediano trabajador de mina a las ventajas de la economía formal?



*Séptimo*: Por último, nos preguntamos ¿Cuál es la razón para no entregar
títulos de propiedad a campesinos que durante años han habitado y trabajado
sus tierras en el Catatumbo y otras regiones? ¿Por qué el temor de
reconocer las zonas de reserva campesinas si existe le ley que las
garantiza? Solicitamos que se haga justicia.



Saludo de patria en esta jornada de protesta a los estudiantes, a los
educadores, a los trabajadores de la salud, los floricultores, paneleros,
arroceros, lecheros, y en fin, a los sectores encargados de la producción
alimentaria, y a los movimientos políticos y sociales que hoy levantan su
voz contra la injusticia.

* *

*DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP*

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