ALVARO GARCÍA LIN ERA:
PENSANDO BOLIVIA ENTRE DOS SIGLOS
Pablo Stefanoni1
Yo me veo como uno de los últimos jacobinos de la
Revolución Francesa y veo a Evo como Robespierre.
Álvaro García Linera
Además de vicepresidente y “copiloto” de Evo Morales, Álvaro
García Linera es uno de los intelectuales más destacados de Bolivia,
lo cual lo ubica inmediatamente como intérprete del complejo
proceso político y social iniciado el 22 de enero de 2006, con la
llegada al gobierno del presidente Evo Morales Ayma, el primer
indígena en dirigir las riendas de esta nación andino-amazónica,
en la que el 62% de sus habitantes se autoidentifica como parte
1 Periodista y economista. Ex becario del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (clacso) y la Agencia Sueca de Cooperación Internacional (asdi)
(2002). Es coautor, con Hervé do Alto, del libro La revolución de Evo Morales.
De la coca al palacio (Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006). Actualmente se
desempeña como corresponsal en Bolivia del diario Clarín de Argentina y como
director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique.
10
de un pueblo originario, mayoritariamente quechua y aimara.2
En efecto, Morales lo convocó en 2005 para acompañarlo en el
binomio presidencial (luego de un primer intento de buscar un
“empresario nacional”), por considerarlo un “puente” —y un
traductor, como a García Linera le gusta presentarse a sí mismo—
entre los campesinos e indígenas, y las clases medias urbanas,3
reacias a votar por un campesino formado en la escuela sindical,
con un bachillerato de provincia como única credencial educativa,
pero más abierta a aceptar a un dirigente cocalero acompañado
por “un hombre que sabe”, como rezaba uno de sus afiches
de la campaña electoral de 2005.
A más de dos años de su llegada a la vicepresidencia, nadie
puede afirmar —con evidencias serias— que García Linera sea
el “cerebro” del gobierno, pero ello tampoco puede ocultar que
este matemático y sociólogo autodidacta, seguidor entusiasta del
sociólogo Pierre Bourdieu (a quien cita a menudo en entrevistas
periodísticas y académicas), tiene en la nueva administración boliviana
un perfil que lo aleja de la intrascendencia que históricamente
tuvo el cargo de vicepresidente. De hecho, casi no utiliza
su despacho en la vicepresidencia, y desempeña sus labores en
una oficina más modesta, pero a escasos pasos de la del jefe de
Estado, en el Palacio Quemado de La Paz. Son casi inexistentes
las reuniones importantes del presidente boliviano en las que no
2 El censo boliviano, a diferencia de otros, como el ecuatoriano, no utiliza preguntas
sobre autoidentificación racial sino étnico-cultural. Mientras que las primeras
incluyen categorías como “blanco”, “indígena”, “mestizo”, “negro”, etc., las
segundas se refieren a la pertenencia a un pueblo originario concreto: aimara,
quechua, guaraní, etcétera. Esto implica que no habría contradicción entre el
hecho de que más del 60% de los bolivianos se autoidentifique como mestizo
(en muchas encuestas) y un porcentaje similar se considere parte de un pueblo
nativo en el censo.
3 El concepto de clase media, aplicado a Bolivia, por momentos oscurece más de
lo que aclara. La existencia de “capitales étnicos” hace que se consideren clases
medias a los blanco-mestizos (incluso los de bajos ingresos) y se excluya de esta
categoría a los sectores “cholos” (indígenas urbanos) que han acumulado importantes
capitales económicos, fundamentalmente mediante el comercio informal.
11
esté sentado García Linera, habitualmente vestido con terno (casi
siempre sin corbata) y sobretodo negro.
El actual vicepresidente nació en una familia mestiza de clase
media en Cochabamba, el 19 de octubre de 1962. Comenzó a
interesarse por la política durante la dictadura de Hugo Banzer
(1971-1978), y apenas caído este régimen —a los 17 años— sintió
el efecto del gran bloqueo aimara a La Paz, organizado por
la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos
de Bolivia (csutcb), ya fuertemente influenciada por las ideas
indianistas, difundidas por el movimiento katarista.4 Poco después,
su interés por el vínculo entre política y etnicidad continuó
en México, a donde se trasladó para cursar una licenciatura en
matemáticas en la Universidad Autónoma, “porque creía que las
ciencias ‘blandas’ podía aprenderlas yo solo”.5 Allí, en el contexto
de las campañas de solidaridad con los movimientos armados en
Centroamérica, fue atraído por el debate sobre la cuestión étnica
(maya) alentado por la guerrilla guatemalteca; y —según recuerda—
inicia el pasaje de una orientación más filosófica y abstracta
vinculada al estudio de El capital, de la dialéctica de Hegel y de la
4 El movimiento katarista surgió en los años setenta, promovido por sectores aimaras
urbanos que accedieron a los estudios superiores. Inspirado por las ideas de
Fausto Reinaga, se lo considera el primer movimiento indianista contemporáneo
en Bolivia. Los kataristas introdujeron una lectura de la historia de Bolivia como
el pasaje de la dominación colonial española al colonialismo interno, mantenido
por las elites republicanas, y contribuyeron a la construcción de una identidad
“india” aimara-quechua. Pese a su importante influencia en los sindicatos campesinos,
nunca lograron consolidarse como movimiento político. Luego de su
división en torno a la participación política en el Estado “liberal” en los noventa,
uno de sus referentes, Víctor Hugo Cárdenas, accedió a la vicepresidencia de
Bolivia en una alianza con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (mnr)
en su etapa neoliberal, bajo el mando de Gonzalo Sánchez de Lozada. Desde
ese cargo, promovió el reconocimiento constitucional de Bolivia como un país
“pluriétnico y multicultural”. Con todo, el actual proceso de cambio, liderado
por Evo Morales, reconoce en el katarismo una de sus matrices político-ideológicas.
Para un estudio de esta corriente, véase Silvia Rivera, Oprimidos pero no
vencidos. Luchas del campesinado aimara y quechua de Bolivia, 1900-1980, La
Paz, hisbol y csutcb, 1986.
5 Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa, Las vías de la emancipación,
México, Ocean Sur, 2009
12
filosofía de Kant, a una mirada más práctica que, ya en los ochenta,
conllevará su giro hacia lecturas “más leninistas”.
Un caso poco común en la intelectualidad boliviana, García
Linera nunca militó en la izquierda tradicional (históricamente
representada por el Partido Obrero Revolucionario y el Partido
Comunista de Bolivia), ni en las agrupaciones que heredaron una
ideología cristiano-guevarista, como el Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (mi r), frente a las cuales mostró cierto desprecio.
En efecto, sus lecturas de Marx, Lenin, Althusser o Gramsci le
servirían de insumos en su polémica contra la “vieja izquierda”,
y en su búsqueda de un marxismo adaptado a la realidad andina,
previamente intentada por el comunista peruano José Carlos
Mariátegui. Su regreso a Bolivia, en 1985, coincidió con el rotundo
fracaso del gobierno reformista de la Unidad Democrática
Popular (udp) (conformada originalmente por el Movimiento
Nacionalista Revolucionario de Izquierda, el Partido Comunista
y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria), agobiado por
la hiperinflación y las presiones cruzadas de la entonces poderosa
Central Obrera Boliviana (cob) y los sectores empresariales
conservadores.
Con el abandono anticipado del poder por la udp, la izquierda
desapareció del escenario electoral, a excepción del mi r, que sobrevivió,
con el costo de convertirse al neoliberalismo. Al tiempo,
la hoja de ruta político-intelectual de García Linera se centraba
cada vez más en el esfuerzo por articular “dos razones revolucionarias”
en ese momento en disputa, marxismo e indianismo:6
6 El pacto militar-campesino, firmado en los años sesenta entre el movimiento
campesino y el presidente militar René Barrientos, contribuyó a aislar a los mineros
(masacrados por la dictadura) y generó un largo periodo de desconfianza
obrera hacia los campesinos, lo cual fue agravado por la supuesta “traición” de
los campesinos al guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara. Estos
estigmas fueron revertidos parcialmente con el crecimiento del katarismo y la
nueva alianza obrero-campesina, a partir de finales de los años setenta. Desde
2003, son los campesinos quienes se consideran la “vanguardia” del proceso de
cambio liderado por Evo Morales.
13
Ahí comienza una obsesión, que mantuve durante diez años, de
rastrear aquello que había dicho Marx sobre el tema [étnico]. Comenzamos
entonces a escudriñar los cuadernos, los textos de Marx
sobre los “pueblos sin historia” del año ‘48 y los trabajos de Engels,
pero también empezamos a revisar la lectura de los Grundrisse, así
como también los textos sobre la India, sobre China, luego las cartas
a Vera Zasúlich,7 y luego los manuscritos etnológicos, y también
los otros manuscritos, inéditos, que están en Ámsterdam. Viajamos
hasta allá a buscar un conjunto de cuadernos que ahí existen sobre
América Latina; hay unos ocho o diez cuadernos de Marx sobre
América Latina. Comienza una obsesión, con distintas variantes, a
fin de encontrar el hilo conductor sobre esa temática indígena desde
el marxismo, y creyendo que era posible que el marxismo pudiera
dar cuenta de la fuerza de tal dimensión, del contenido y del
potencial de la demanda étnico-nacional de los pueblos indígenas.
Ello implicaba múltiples peleas, en textos menos académicos y más
polémicos, con la izquierda boliviana, para la cual no había indios
sino obreros, campesinos o clase media. Se trataba de una polémica
marginal, porque éramos un grupo de personas que no influíamos
en ninguna parte, nos dedicábamos a repartir nuestros panfletos,
nuestros textitos, nuestros policopiados de cincuenta páginas, en
las marchas, en las minas. Pero ahí se inicia una polémica […]8
Entre las polémicas, se encuentra el breve texto “América”,
donde García Linera polemiza con José María Aricó en relación
con el acercamiento de Marx sobre América Latina, en gran medida
expresado en su discutido texto sobre Simón Bolívar, publicado
en The New American Encyclopedia.9
Todo ello se producía en un contexto de contrarreformas neoliberales,
que condujeron a la derrota de la Marcha por la Vida de
7 Proveniente del populismo (narodniki) adhiere posteriormente al marxismo y
es parte del Grupo de Emancipación del Trabajo fundado por Georgi Plejánov.
8 Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa, Las vías de la emancipación,
op. cit.
9 “Bolívar y Ponte”, en Cuadernos de Pasado y Presente, No. 30, 1972.
14
los mineros que, ante el cerco militar organizado por Víctor Paz
Estenssoro y el derrumbe internacional de los precios del estaño,
produce un repliegue y posterior desbandada, de la cual el movimiento
obrero boliviano y la cob no han logrado recuperarse
hasta nuestros días, cuando Bolivia vive una nueva “primavera
popular”, liderada por campesinos e indígenas, e iniciada con la
“guerra del gas” de septiembre y octubre de 2003. Pero la crisis
obrera era la expresión de un fenómeno de mayor magnitud: el
fin del capitalismo de Estado impulsado por la Revolución Nacional
de 1952, cuya extremaunción en 1985-1986 quedó paradójicamente
a cargo del propio caudillo de ese levantamiento de
obreros, campesinos y policías, que nacionalizó las minas, decretó
la reforma agraria e impuso el voto universal: el doctor Paz, como
era llamado popularmente, transformado en un convencido
impulsor de las “reformas estructurales” promovidas por el Consenso
de Washington.
En ese contexto de retroceso obrero, junto con sus teorizaciones
plasmadas en libros como Las condiciones de la revolución
social en Bolivia (basado en su lectura de Lenin) y De demonios
escondidos y momentos de revolución.10 Marx y la revolución en las
extremidades del cuerpo capitalista, se produce un acercamiento
de García Linera a campesinos ex kataristas, cuyo líder era Felipe
Quispe Huanca, y a grupos mineros de base. Todos ellos apostaban
a una repolitización —y “reinvención”— del mundo popular,
mediante la activación de una identidad étnica a menudo oculta
detrás de la identidad obrera o campesina, fortalecidas tanto por
la izquierda marxista como por el nacionalismo revolucionario,
que concebía la bolivianidad como sinónimo de mestizaje. Esta
constelación de intelectuales (que incluía a su hermano Raúl García
Linera y a su esposa e intelectual mexicana Raquel Gutiérrez),
campesinos y (ex) obreros da lugar a la experiencia de la Ofensiva
Roja de los Ayllus Tupakataristas y a su brazo armado, el Ejército
10 Álvaro García Linera, De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx
y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista La Paz, Ofensiva
Roja, 1991.
15
Guerrillero Tupac Katari (egtk), cuyos “marcos interpretativos”
de la realidad boliviana —a diferencia del foquismo clásico
de matriz guevarista— ponían énfasis en la organización de una
gran sublevación indígena, mediante la organización militar y el
armamento de las comunidades.11
Pese a su temprano fracaso militar, la actividad del egtk se
asentó en un imaginario —como lo indican los nombres de la organización—
asociado a la memoria histórica de la rebelión del
caudillo aimara Tupac Katari en el siglo XVII , ahogada en sangre
por las tropas coloniales españolas,12 y esta “guerrilla aimara”
mostró cierto éxito en la formación de cuadros indígenas. Incluso
algunos campesinos del norte del lago Titicaca establecieron
vínculos con el grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso (en
sus escuelas de cuadros), pero regresaban decepcionados por la
invisibilización de lo indio por parte de ese grupo mesiánico de
ideología maoísta pasada por el tamiz de las tesis —por momentos
delirantes— del “Presidente Gonzalo”, tal como su líder, Abimael
Guzmán, era llamado por los militantes senderistas.
Programáticamente, la Ofensiva Roja defendía el derecho a
la autodeterminación —e incluso a su separación del “Estado
burgués boliviano”— de las “naciones” aimara y quechua.13 No
obstante los esfuerzos por articular marxismo e indianismo, tal
como lo muestran los propios panfletos del grupo armado, el énfasis
en las posiciones indianistas, con los q’aras14 como enemigos,
o marxistas, que destacan en su análisis la dimensión de clase, era
variable en virtud de los autores de cada pronunciamiento. Mientras
en algunas declaraciones del grupo se hablaba de los partidos
de izquierda como portadores de ideologías foráneas “trasplan-
11 Véase Jaime Iturri Salmón, egtk: la guerrilla aimara en Bolivia, La Paz, Vaca
Sagrada, 1992.
12 Véase Sinclair Thomson, Cuando sólo reinasen los indios. La política aimara en
la era de la insurgencia, La Paz, Muela del Diablo, 2006.
13 Jaime Iturri Salmón, egtk: la guerrilla aimara en Bolivia, op. cit.
14 Término que significa literalmente “desnudo”, y que los indígenas utilizan para
referirse a los blanco-mestizos (blancoides) (N. del A.).
16
tadas de Europa”, Qhanachiri (seudónimo de García Linera)15
dedica centenares de páginas a hurgar en Marx, Engels o Lenin
para encontrar respuestas al problema nacional o comunitariocampesino.
De todos modos, la idea del “gobierno indio” aparece
en unos y otros. A diferencia de la izquierda clásica, los “egetecos”
—como se los llamaba popularmente— otorgan a los campesinos
un papel revolucionario, y hasta comunista, e imaginan un
socialismo basado en el ayllu (estructura comunitaria aimara).16
Es notable que García Linera mantuviera hasta la actualidad esta
idea de luchar para que un indígena llegara a la presidencia de
la república, incluso cuando había abandonado su posición socialista
(al menos en términos ortodoxos, es decir, de cambio del
capitalismo por una economía estatizada y plantificada).
Luego de algunos atentados dinamiteros contra torres de alta
tensión o poliductos, todos los integrantes de la dirección del
egtk fueron detenidos. García Linera fue aprehendido el 10 de
abril de 1992, en la tranca de Senkata, en la ciudad de El Alto,
colindante con La Paz, y posteriormente denunció haber sido
torturado por la policía. No obstante, pasada la peor parte de los
interrogatorios, comenzó una etapa intelectualmente productiva,
con lecturas de antropología andina, etnohistoria y economía
agraria. Sobre la base de El capital de Marx y los textos de los
cronistas coloniales, emprende un esfuerzo teórico que se mate-
15 “Aquél que clarifica las cosas”, en aimara (N. del A.).
16 Dice Felipe Quispe: “A nuestros opresores de siempre les tocará obedecer nuestras
leyes naturales [pero] nuestras leyes naturales y comunitarias no serán para
esclavizar ni discriminar a los q’aras blancos extracontinentales, a los mestizos
europeizados, etc., sino que nosotros pondremos la ‘ley comunitaria’, de igualdad
de derechos para todos los que viven y trabajan con honradez en nuestra patria
Qullasuyu (Bolivia). Los aimaras no estamos enfermos con un crudo ‘racismo
indio’, no planteamos la lucha de razas de ninguna manera, entiéndanlo bien:
aquí nadie está labrando un movimiento racial, nuestros planteamientos no tienen
nada de irracional y mucho menos tienen ‘rasgos medulares del pensamiento
fascista’ europeo, como algunos intrusos doctorcillos esgrimen para tratar de
desprestigiar, ensuciar y tergiversar el verdadero ‘Tupakatarismo-Comunitario’
que llama a la lucha de las Naciones Originarias al lado de las banderas de la lucha
de clases”. Citado en Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa,
Las vías de la emancipación, op. cit.
17
rializará en el libro Forma valor y forma comunidad, que trabaja el
tema del valor de uso, el valor de cambio y las lógicas organizativas
de la modernidad, para hacer un contrapunto con las lógicas
organizativas del mundo andino. De tal reflexión deriva la lógica
de la “forma valor como la lógica de la modernidad capitalista”,
y “la forma comunidad no como movimiento social, sino como
lógica organizativa del mundo andino”. Más de una década después,
el autor recuerda:
Como tenía mucho tiempo disponible pude aplicar cierta forma
de reflexión antropológica, matemática, y estudiar ciertos espacios
sociales. Fueron cinco años de encierro. Creo que es mi libro mejor
logrado por el tiempo que pude dedicarle, por la paciencia que
tuvimos en armar las transcripciones, las palabras.17
Inmediatamente después de su salida de la cárcel, se involucró
en el mundo académico, en la Facultad de Sociología de la Universidad
Mayor San Andrés. Sus debates sobre el mundo obrero
con la izquierda obrerista y con quienes traían a Bolivia las tesis
sobre el fin de la clase obrera se tradujeron en dos investigaciones
académicas, que se plasmaron en dos libros: Reproletarización,
sobre el mundo fabril y sus cambios organizativos y tecnológicos,
y La condición obrera, sobre esos mismos cambios en torno
a la “nueva minería”. Se trata de analizar al nuevo proletariado
de microempresas, de empresas fragmentadas, desconcentradas,
conformado por mujeres y hombres muy jóvenes, sin derechos,
no tomados en cuenta por una entidad sindical matriz, atada a la
idea de que los mineros seguían siendo la vanguardia del pueblo
boliviano. En sus propias palabras:
Las conclusiones generales son que los obreros no han desaparecido,
incluso aumentaron, pero ha habido una modificación de la
estructura material de la condición obrera, de la identidad obrera
17 Franklin Ramírez Gallegos y Pablo Stefanoni, “La montée au pouvoir des mouvements
sociaux en Bolivia”, op. cit.
18
y de la composición política y cultural de la clase obrera [boliviana];
de allí se deriva una explicación de por qué la cob se extingue
como movimiento social unificador del país.18
De todos modos, los años noventa no eran un buen momento
para la intelectualidad crítica, ya que la mayoría de los intelectuales
de izquierda fueron cooptados por el “neoliberalismo multiculturalista”
de Gonzalo Sánchez de Lozada,19 y la recepción de
estas obras fue escasa.
En realidad, el salto a la palestra pública de García Linera y
otros intelectuales agrupados en torno al grupo Comuna,20 se dio
de la mano de la “guerra del agua” de 2000, cuando los habitantes
de Cochabamba se levantaron contra el aumento de las tarifas
por parte de la empresa Aguas del Tunari (Bechtel), con una violenta
pueblada que acabó con la expulsión de la empresa trasnacional.
Pero, aún más importante que eso, la inesperada “guerra
del agua” marcó un punto de inflexión, acabando con década y
media de derrotas populares y con la ilusión —promovida por
los intelectuales neoliberales— del fin de la política de las calles y
del triunfo de la democracia representativa (liberal) como el único
espacio de la acción política. Poco a poco, un nuevo sentido
común nacional-popular, y la revalorización de la acción directa
como forma de lucha, recuperaron parte de la legitimidad perdida.
Poco después, los aimaras del altiplano paceño, liderados
por Felipe Quispe, bloquearon masivamente La Paz, impidiendo
18 Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa, Las vías de la emancipación,
op. cit.
19 Bajo el gobierno de Sánchez de Lozada y del vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas
—primer aimara en llegar a esa posición— se reconoció constitucionalmente
el carácter multicultural y pluricultural de Bolivia.
20 Grupo político-intelectual conformado por Raquel Gutiérrez, Álvaro García
Linera, Luis Tapia, Raúl Prada y Oscar Vega. Sus libros incorporaron elementos
teóricos de las “nuevas izquierdas”, de la sociología de los movimientos sociales
y de la filosofía crítica para dar cuenta de las nuevas luchas indígenas-populares
posteriores al derrumbe de la Central Obrera Boliviana como núcleo hegemónico
del mundo subalterno boliviano.
19
incluso el ingreso de alimentos.21 En un contexto de nuevas formas
de lucha, pero sobre todo, de nuevos actores (en su mayoría
campesinos e indígenas) poco comprendidos en las ciudades,
se fue consolidando el papel de García Linera como sociólogointérprete,
lo que se reflejó en su presencia cada vez mayor en los
medios de comunicación, bajo la figura de moda del “analista”;
en efecto, su creciente prestigio intelectual fue haciendo olvidar
a la opinión pública su pasado guerrillero.
Si bien hablaba desde el compromiso con los movimientos
sociales —un término que fue ganando espacio frente a la terminología
clasista de antaño—, sus formas y posiciones políticas
aparecían moderadas por sofisticados análisis, capaces de “traducir”
a las clases medias urbanas la “racionalidad” (cosmovisión,
dirían los indianistas) de la Bolivia profunda y tradicionalmente
despreciada, completamente opaca para los intelectuales hegemónicos.
En esa época, además del italiano Antonio Negri (cuyos
textos utilizó en sus estudios sobre la “composición política de
la clase” en sus trabajos sobre el mundo obrero), García Linera
hace un “giro sociológico” hacia las teorías de los movimientos
sociales, e incorpora la sociología histórica de Charles Tilly y la
visión más racionalista de la movilización de recursos, tomando
distancia de teóricos como Alain Touraine.
Fue en este momento que surgió el artículo sobre la “forma
sindicato”, la “forma comunidad” y —como elemento novedoso—
la “forma multitud”, uno de sus textos más innovadores para
entender las transformaciones en las formas de agregación política
y social, producto de las reformas neoliberales desde mediados
de los años ochenta. Este artículo marca su momentuum autonomista,
con cierta influencia del Negri de la “multitud”, además
de su referente más permanente, el francés Pierre Bourdieu, y el
boliviano René Zavaleta.22 No obstante, García Linera aclara que
21 La Paz se encuentra en una especie de pozo (hollada), lo que facilita los bloqueos
y cercos.
22 Sociólogo nacionalista que posteriormente evolucionó hacia el marxismo. Desarrolló
un profundo análisis político-sociológico de Bolivia como una “sociedad
abigarrada”.
20
utiliza el concepto “multitud” en un sentido diferente al de Negri,
quien lo puso de moda, y que se refiere a una “asociación de asociaciones
de varias clases e identidades sociales sin una hegemonía
única en su interior”. Allí, según el vicepresidente boliviano,
[…] pueden sumarse campesinos, regantes, estudiantes, obreros
sindicalizados, desocupados, intelectuales, individuos sueltos, y la
hegemonía se mueve alrededor de temas, de circunstancias, movilizaciones
temáticas, autonomía de cada organización en función
de sus repertorios, estructuras y sus maneras de cumplimiento;
subsiste, sin embargo, una voluntad de acción conjunta en torno a
un tema y a liderazgos móviles y temporales.23
El Movimiento al Socialismo (mas) fue resultado de esta agregación
de sindicatos campesinos de diverso tipo, herederos de
una cultura sindicalista del mundo plebeyo, que históricamente
suele hacer política desde el sindicato. En este marco, en 1995 se
aprobó la “tesis del instrumento político”, que instruía la conformación
de un “partido” que permitiera a estas organizaciones
populares dar un salto a la arena electoral sin necesidad de alianzas
con los partidos legales de entonces (incluyendo los pequeños
grupos de izquierda con los cuales los campesinos, sobre todo
los cocaleros —núcleo duro del mas— debían aliarse a falta de
personería electoral propia).24
De manera sorprendente, el ciclo de movilizaciones iniciado
en 2000 tuvo su expresión electoral en 2002: el dirigente cocalero
Evo Morales, quien se había embarcado en violentas confrontaciones
con el Estado en defensa del cultivo de la hoja de coca,
obtuvo el segundo lugar en las elecciones presidenciales de ese
año, a menos de dos puntos de Gonzalo Sánchez de Lozada, que
cosechó algo más del 22% de los votos. Pero poco más de un año
después, el mandatario —que hablaba castellano con acento es-
23 Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa, Las vías de la emancipación,
op. cit.
24 Véase Pablo Stefanoni y Herve Do Alto, La revolución de Evo Morales, op cit.
21
tadounidense— fue derribado por una masiva insurrección popular,
conocida como la “guerra del gas”, que comenzó atacando
los planes gubernamentales de exportar gas a México y Estados
Unidos por puertos chilenos (país que en la Guerra del Pacífico
de 1879 se apoderó de la salida de Bolivia al océano Pacífico),
pero que acabó construyendo un nuevo sentido común antineoliberal
y anticolonial.
García Linera comenzó a dividir su tiempo entre la universidad,
los medios de comunicación —donde empezó a trabajar de
forma sistemática, incluso como analista en un popular noticiero—
y el asesoramiento a los sindicatos campesinos. Ese perfil
de intelectual con vínculos con los movimientos sociales (incluso
los aimaras más radicales lo respetan por haber estado preso por
indianista) atrajo a Evo Morales, a quien comenzó a asesorar de
manera más o menos formal. Más tarde, en 2005, en medio de
una nueva “guerra del gas”, esta vez en demanda de la nacionalización
de los hidrocarburos, que provocó la caída del gobierno
de Carlos Mesa y abrió paso a elecciones anticipadas, su batalla
cotidiana “por el sentido común”, como a García Linera le gusta
definir retrospectivamente su actividad, lo proyectó como el
complemento ideal del líder cocalero en su objetivo de atraer a las
clases medias urbanas, temerosas del devenir del país en manos
de un indígena formado en la escuela del sindicalismo agrario.25
Y el clima nacionalista que vivía el país, junto al fuerte desprestigio
de la derecha —representada electoralmente por el ex
presidente Jorge “Tuto” Quiroga— allanó el camino al triunfo
electoral del binomio Morales-García Linera el 18 de diciembre
de 2005, con un inédito 53,7% de los votos (el mayor porcentaje
obtenido por una fórmula presidencial desde la restauración de
la democracia en 1982), e inauguró la fase del “sociólogo-vicepresidente”.
Continuaba, así, una tradición boliviana —y latinoamericana—
de intelectuales que pasaron, con éxito desigual, de
25 En su concepción de un “gobierno de poncho y corbata”, él estaba obligado a
usar ese símbolo de la sociedad urbana-moderna, e incluso de la aculturación
de los indígenas.
22
las “armas de la crítica” a la “crítica de las armas” para transformar
una realidad, que en el caso boliviano fue moldeada por la
incapacidad de sus elites para construir una nación incluyente y
un proyecto de país compartido. Al mismo tiempo, su candidatura
vicepresidencial implicó una ruptura definitiva con Felipe
Quispe, quien siempre estuvo enfrentado con Morales por una
pelea de liderazgos por el control de los sindicatos campesinos,
y perdió con el líder cocalero la competencia por ser el “primer
presidente indígena de Bolivia”.
Poco tiempo después de ocupar una oficina en el Palacio Quemado,
García Linera sostuvo:
La reflexividad sociológica es decisiva porque si no uno se pierde
en el bosque. Es muy fácil perderse y comenzar a actuar intuitivamente,
rodeado de infinidad de pequeños arbolitos. Creo que buena
parte del funcionamiento de la administración pública es así, de
ahí el esfuerzo por mirar el bosque en su conjunto, pero ésta no es
una tarea fácil. Mientras que el académico puede ver en un proceso
relativamente largo la comprensión de la palabra y el saber en
sentido colectivo (la conversión mediada del verbo en ideología),
en el gobierno vemos la conversión de la palabra en materia política,
en hecho práctico institucional (la conversión del verbo en
materia mediante la maquinaria burocrática). Pero es muy bonito
lograr esta combinación: un nivel de especificidad inaccesible para
el investigador externo y un nivel de generalidad y mirada global
imprescindible para orientarte en términos más sistémicos. Hacia
allí se dirige mi esfuerzo.26
No obstante, este aterrizaje en la cúpula del poder pondría
a prueba las teorías previas de García Linera: ya no se trataba
solamente de analizar lo que ocurre, sino de interactuar con un
universo popular que, como ya advirtió Antonio Gramsci, contiene
tendencias disruptivas, pero también conservadoras, fren-
26 Pablo Stefanoni, “El surgimiento de un neopatriotismo indígena”, entrevista a
Álvaro García Linera, en El Viejo Topo, No. 225, 2006.
23
te al orden vigente. Y esto es especialmente válido para el caso
de Bolivia, donde esas tendencias conservadoras —muy visibles
en el plano cultural y moral— se combinan con fuertes fidelidades
corporativas, desde las cuales los sectores populares leen el
mundo, hacen política y se movilizan en defensa de sus intereses.
Además, cuestiones más prosaicas, como el patrimonialismo, los
constantes repliegues particularistas y la falta de cuadros políticoadministrativos,
aparecieron como los límites de la original, pero
no menos incierta, “revolución democrática cultural”, como desde
el gobierno definieron el nuevo rumbo iniciado por Bolivia
en enero de 2006.
Para algunos concluía así una progresiva moderación de las
posiciones políticas e ideológicas del ex matemático; para otros,
esa moderación es sólo un maquillaje que encubre una radicalidad
nunca abandonada, y para sostener esta perspectiva se basan
en declaraciones de García Linera, como las que pronunció en
Omasuyos el 20 de septiembre de 2006, cuando dijo, en un discurso
de barricada, que en esta combativa región aimara cercana
al Lago Titicaca “aprendimos a amar y a matar en defensa de la
patria y de los recursos naturales”, y recordó sus andanzas con
un “fusil bajo el poncho” en sus épocas de guerrillero del egtk.27
No obstante, pese a pasajeras expresiones de radicalidad, el
actual vicepresidente defendió en el plano político e intelectual
una salida pactada a la crisis entre el bloque indígeno-plebeyo
emergente del occidente del país y el bloque oligárquico-empresarial
hegemónico, en los departamentos del oriente boliviano.
Frente a la discusión —bastante opaca— sobre el denominado
socialismo del siglo XXI, promovida por el presidente venezolano
Hugo Chávez, García Linera sostuvo que en Bolivia sólo puede
aspirarse a la consolidación de un capitalismo andino-amazónico,
como potencialidad y límite de un escenario postneoliberal.
27 Los Tiempos (Cochabamba), “García Linera llama a defensa armada de la nacionalización”,
21 de septiembre de 2006, disponible en http://www.lostiempos.
com/noticias/21-09-06/nacional.php.
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Sin embargo, más que una “teoría”, el capitalismo andino consiste
en algunas propuestas vinculadas a una articulación entre
las formas modernas (capitalistas) y tradicionales de la economía
(comunitario-microempresariales), con el Estado como artífice
de la potenciación de estas últimas mediante la transferencia de
tecnología y recursos. De esta forma, no se aspiraría a modernizar
de manera homogeneizante el país (como ocurría en el antiguo
desarrollismo latinoamericano), sino a imaginar una “modernización
pluralista” que reconozca el abigarramiento boliviano. No
obstante, el centro de la política “postneoliberal” pasa en la práctica
por una recuperación parcial del desarrollismo de los años
cincuenta, que en lo económico se basa en la recuperación del
control estatal de los hidrocarburos (mediante la nacionalización
del 1 de mayo de 2006), que obligó a las empresas transnacionales
a firmar nuevos contratos con la estatal Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos (ypfb) y a pagar mayores impuestos.
Quizás la evolución político-ideológica más significativa de
García Linera es su pasaje —con escasas mediaciones— de sus
posiciones “autonomistas” a una defensa casi hegeliana del Estado,
como síntesis de la “voluntad general”. Pero dejemos al
propio vicepresidente explicar esta evolución:
En las movilizaciones [desde 2000] había anidado un enorme
potencial comunitario, un enorme potencial universalista, un
enorme potencial autonómico. Mis momentos de mayor lectura
autonomista, autogestionaria y de posibilidad comunista son los
momentos anteriores a la movilización social. En los momentos
en que comienzan a desplegarse las movilizaciones vemos sus
enormes
potenciales pero también tenemos muy claras las limitaciones
que van aflorando. Recuerdo que, desde 2002, vamos
teniendo una lectura mucho más clara y hablamos del carácter de
la revolución, como democrática y descolonizadora. Y dijimos:
no vemos aún comunismo. Por doctrina, la posibilidad del comunismo
la vimos en un fuerte movimiento obrero autoorganizado,
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que hoy no existe, y que, en todo caso, podrá volver a emerger en
veinte o treinta años.28
Y agrega:
En los años noventa se produjo una reconfiguración total de la
condición obrera que desorganizó todo lo anterior y dejó micro
núcleos dispersos y fragmentados de identidad y de capacidad autoorganizativa.
En el mundo campesino indígena vimos la enorme
vitalidad en términos de transformación política, de conquistas de
igualdad, pero la enorme limitación y la ausencia de posibilidades
de formas comunitaristas de gestión y producción de la riqueza. Eso
lo comenzamos a observar con el tema del agua en Cochabamba
en 2000 y, más tarde, en 2003, con las dificultades para el abastecimiento
de garrafas en El Alto.29
Y añade:
Entonces, ¿cómo interpretar todo esto? El horizonte general de la
época es comunista. Y ese comunismo se tendrá que construir a partir
de capacidades autoorganizativas de la sociedad, de procesos de
generación y distribución de riqueza comunitaria, autogestionaria.
Pero en este momento está claro que no es un horizonte inmediato,
el cual se centra en conquista de igualdad, redistribución de riqueza,
ampliación de derechos. La igualdad es fundamental porque
quiebra una cadena de cinco siglos de desigualdad estructural, ése
es el objetivo de la época, hasta donde puede llegar la fuerza social,
no porque lo prescribamos así sino porque lo vemos. Más bien,
entramos a ver al movimiento con ojos expectantes y deseosos del
horizonte comunista. Pero fuimos serios y objetivos, en el sentido
28 Maristella Svampa y Pablo Stefanoni, “Evo simboliza el quiebre de un imaginario
restringido a la subalternidad de los indígenas”, entrevista con Álvaro García
Linera, en Observatorio Social de América Latina, No. 22, 2007.
29 Ibíd. Eso fue todavía más claro en la segunda “guerra del gas”, en junio de 2005,
cuando las organizaciones sociales fueron incapaces de resolver el abastecimiento
de garrafas y otros productos básicos a la población movilizada, de modo tal
que los bloqueos terminaron debilitando a los propios alteños.
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social del término, al señalar los límites del movimiento. Y ahí vino
la pelea con varios de los compañeros acerca de qué cosa era posible
hacer. Cuando entro al gobierno lo que hago es validar y comenzar
a operar estatalmente en función de esa lectura del momento actual.
Entonces, ¿dónde queda el comunismo?, ¿qué puede hacerse desde
el Estado en función de ese horizonte comunista? Apoyar lo más
que se pueda el despliegue de las capacidades organizativas autónomas
de la sociedad. Hasta ahí llega la posibilidad de lo que puede
hacer un Estado de izquierda, un Estado revolucionario. Ampliar
la base obrera y la autonomía del mundo obrero, potenciar formas
de economía comunitaria allá donde haya redes, articulaciones y
proyectos más comunitaristas. Sin controlarlos. No hay un proceso
de cooptación ni de generación desde arriba de comunitarismo.
Eso no lo vamos a hacer nunca.30
La selección de textos que presentamos en este volumen pone
en evidencia la evolución teórica y política de un intelectual cuyas
“agendas de investigación” fueron dictadas, en una primera instancia,
por las necesidades de la lucha política (como intelectual
militante). Más tarde, y sin perder esta perspectiva, el trabajo de
García Linera se inserta de manera más sostenida en el campo
académico, con la autonomía y las reglas de juego que éste conlleva
(ya como académico comprometido), para finalmente, recalar
en la política institucional, en una nueva y tensa articulación entre
praxis política e intelectual.
Por eso este libro tiene varias claves de lectura. Por un lado,
es una suerte de biografía intelectual del vicepresidente boliviano.
Pero, y aún más importante, la selección de artículos ayuda a
comprender las mutaciones sociopolíticas (analizadas desde registros
teóricos y sociológicos) y el devenir político de Bolivia en
el siglo XXI, al tiempo que deja entrever los debates ideológicos
que atraviesan la rica historia política nacional. La historia de un
país que, parafraseando a James Dunkerley, lleva la rebelión en
las venas.
30 Ibíd.
(Blog da Boitempo)