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domingo, 17 de janeiro de 2010

Emir Sader

Emir Sader. El reto posneoliberal
Carlos Rivera Lugo (CLARIDAD, especial para ARGENPRESS.info)
Un año que viene y otro que se va, haciendo balance y definiendo perspectivas. Con quién mejor hacerlo que con el sociólogo y cientista político brasileño Emir Sader, en la actualidad uno de los más reconocidos pensadores críticos en la América nuestra. El hoy secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales (CLACSO) estuvo de visita en Puerto Rico a finales de diciembre y accedió fraternalmente a hablar conmigo sobre sus puntos de vista en torno al carácter actual del proceso de cambios que se han vivido en nuestra región durante la última década.

El nuevo siglo ha estado caracterizado por el retorno a la esperanza en Nuestra América. Se ha estado viviendo un cambio dramático frente a lo que fueron, por lo menos, las últimas dos o tres décadas. Sader advierte que, aún así, estamos en unos tiempos contradictorios y turbulentos marcados por dos grandes elementos regresivos: el paso de un modelo de Estado regulador, de tipo keynesiano, a un modelo neoliberal; y el paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial de Estados Unidos y la ausencia de una fuerza significativa que, desde el socialismo, represente una oposición o alternativa. Este retroceso de la idea del socialismo tuvo unas consecuencias nefastas, pues debilitó entre nosotros las soluciones y los esfuerzos organizados de tipo colectivo. Una nueva experiencia colectiva, el Foro Social Mundial, se limita a proponer lo que llama un “otro mundo posible”, de corte antineoliberal.
La correlación de fuerzas en la América Latina cambió de forma significativa y la región se convirtió en algo así como el “reino del neoliberalismo” con una serie de gobiernos adscritos al nuevo modelo de acumulación capitalista. Sin embargo, las contradicciones inherentes a estos procesos no le permitieron a Washington conservar tranquilamente por mucho tiempo su hegemonía. Pero, dicha hegemonía se debilita, sin que aparezca aún un bloque alternativo de fuerzas en el horizonte inmediato que le suplante.
Lo existente se agotó prematuramente pero insiste en sobrevivir en medio de la ausencia de alternativas estratégicamente viables. De ahí que, según Sader, se inicia un periodo largo de inestabilidad y turbulencia determinado por la decadencia imperial estadounidense, así como la decadencia del propio modelo neoliberal crecientemente impugnado. Y aún ante los embistes que sufre el neoliberalismo, la economía de mercado intenta sobrevivir. En fin, se agota una hegemonía y un modelo históricamente determinado, y queda sobre el tapete tanto la posibilidad como el reto de construir un nuevo bloque hegemónico y un nuevo modelo económico, así como un nuevo modo de sociabilidad que desplace al “american way of life”.
Es por tal razón que, para Sader, el horizonte sea construir un nuevo bloque hegemónico de poder de carácter posneoliberal. Esta solución, que califica de híbrida, permite ir desmercantilizando las sociedades latinoamericanas contemporáneas. “Democratizar es desmercantilizar” en el actual contexto, pasar de la esfera del mercado, propia del modelo neoliberal, a la esfera de lo público, para poco a poco ir avanzando en una dirección poscapitalista hacia el socialismo. Para él, el socialismo es una gran esfera pública que nos instituye a todos como ciudadanos y sujetos de derecho, superando así la condición de meros consumidores a la que nos ha pretendido reducir el mercado.
El bloque de países que mejor representan esta posibilidad de desmercantilización de la democracia es el nucleado en torno a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, mejor conocido como el ALBA. Éste se caracteriza por la promoción de procesos de integración y cooperación económica y social fuera de las leyes capitalistas del mercado. Otro grupo de países como, por ejemplo, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, se plantean tan sólo “embrionariamente” unas posturas o políticas posneoliberales, es decir, versiones mitigadas del neoliberalismo. Sin embargo, Sader insiste en que ambos grupos de países se complementan y se fortalecen mutuamente en su existencia. Por ello, es equivocado todo intento de dividir a los gobernantes de dichos países entre una “izquierda buena” y otra “izquierda mala”, como pretenden algunos analistas al servicio de Washington. Bajo la categoría de “posneoliberal” agrupa grados diversos de negación del modelo neoliberal, como expresión de la constelación híbrida de fuerzas y alianzas que potencian hoy unos procesos independientes de integración regional.
Puntualiza Sader que ante el grado creciente de aislamiento que sufre Estados Unidos, la situación en la América nuestra es bastante favorable. Se ha vivido un viraje como resultado del hecho de que la región nuestra fue una de las grandes perdedoras bajo el modelo neoliberal. La legitimidad del modelo siempre fue en función de intereses y expectativas externas, mayormente concentradas en las economías de las grandes potencias como la estadounidense y la europea. De allí la rapidez con que se deslegitimó entre nosotros.
La cantidad de gobiernos progresistas que han surgido como resultado ha hecho de la América Latina el eslabón más débil de la cadena neoliberal. Es donde ha encontrado más resistencias, desde el Caracazo en Venezuela, el levantamiento zapatista en México, el Foro Social Mundial potenciado desde Brasil, protagonizadas fundamentalmente por unos nuevos sujetos políticos: los movimientos sociales. Para Sader, el proceso se inicia así defensivamente, desde las resistencias, para pasar a partir de la elección de Hugo Chávez, en 1999, a la disputa hegemónica. Incluso, Venezuela, al igual que Bolivia y Ecuador, constituían países donde patentemente el neoliberalismo había fracasado, sembrando la exclusión y la desigualdad más rampante.
Ahora bien, advierte el intelectual brasileño que los movimientos sociales que no han podido trascender esa primera etapa de resistencia hacia la etapa superior de construcción de una nueva hegemonía, se han quedado rezagados. Ese ha sido, por ejemplo, el caso lamentable de los piqueteros argentinos. Ahora bien, en el caso de los movimientos sociales bolivianos y ecuatorianos, éstos pudieron pasar de la resistencia a la disputa hegemónica, mediante la elección de Evo Morales y Rafael Correa, respectivamente, y el inicio, en ambos casos, de sendos procesos de refundación constitucional y del modelo económico. El Estado se convierte así en un espacio fundamental para la disputa hegemónica entre los intereses públicos y los intereses mercantiles.
En una reciente obra suya (Posneoliberalismo en América Latina, CLACSO, Buenos Aires, 2008), Sader define el posneoliberalismo como “el camino de negación del capitalismo en su fase neoliberal, que mercantiliza todo, en que todo tiene precio, todo se compra, todo se vende”. Al contrario, el posneoliberalismo “afirma derechos, valores, esfera pública, ciudadanía y ahí se da la disputa fundamental de nuestro tiempo, en que América Latina es el escenario más importante, el eslabón más débil de la cadena neoliberal”.
Carlos Rivera Lugo es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.

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